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lunes, 7 de agosto de 2017

¿Por qué no me entiendes o por qué no te explicas?

“Yo soy responsable de lo que digo, no de lo que tú entiendes”. Ah, pero qué bonito dicho. Y tiene algo de verdad, pero no creo que sea totalmente aplicable cuando se trate de comunicarme con mi cónyuge porque no me puedo quedar de brazos cruzados nada más porque el otro tiene una capacidad distinta de entenderme o de comprender las cosas en general.

El amor es el ingrediente principal en toda relación, en este caso en la de pareja. Por lo tanto, es muy importante que sepamos comunicarlo porque en la eficacia de hacerlo es donde este se afianzará. Por medio de la comunicación nuestro vínculo crecerá haciéndose cada vez más sólido e impenetrable.

Comunicarnos efectiva y afectivamente es un arte porque debe ser una mezcla perfecta de lo que decimos, cómo lo decimos y de nuestro lenguaje corporal.  Las estadísticas hablan de que hay que cuidar lo siguiente para así mandar un mensaje de manera asertiva y que este sea recibido de una manera idónea:

Así es, casi todo el peso está en el lenguaje no verbal, en las palabras no verbalizadas, pero expresadas por medio de nuestro cuerpo. Si encojo los hombros o los mantengo erguidos; si me expreso con las palmas abiertas o cerradas; si hablo apuntando con el dedo la mano cerrada, etc. Todas estas expresiones no verbales hablarán más de mi mensaje que las propias palabras.

La comunicación es una calle de doble sentido porque no solo cuenta la capacidad de expresar nuestras emociones, pensamientos, sentimientos, deseos, sueños y preocupaciones, sino saber escuchar lo que piensa, siente, quiere y preocupa a nuestro cónyuge. De hecho, el gran reto en las parejas es saber entender y comprender todo de él, muchas veces sin necesidad que nos lo verbalice. Aunque, como siempre digo, más vale hablar, escuchar y hacernos escuchar porque nos casamos con un “homo-sapiens”, no con adivinos.

Hay claves que siempre hay que tener en cuenta para lograr que nuestra comunicación sea lo más efectiva posible. Las 4 más importantes son honestidad, caridad, empatía y simpatía. Las otras son: claridad de lo que quieres decir; que tu mensaje sea concreto y conciso, al punto y sin rollos; y coherente, tanto para ti como para tu receptor, en este caso tu cónyuge.

Cuando nos comunicamos con honestidad es cuando permitimos que haya una comunicación abierta y honesta entre nosotros. Podrá no gustarnos lo que vamos a escuchar, pero es preferible eso a andar con engaños. Un ejemplo tonto, pero que sucede.  Llega el esposo a decirle a su mujer que le mandará dinero a su mamá por alguna razón. Como esposa puede que no te guste la idea y menos aún si no llevas buena relación con ella. Pero de tu reacción o actitud a la honesta y abierta comunicación que está teniendo tu marido dependerán otras cosas después.

Se necesita de caridad para comprendernos mutuamente, para hablarnos con el respeto que ambos merecemos reconociéndonos desde el amor como seres imperfectos y vulnerables.  Al vivir este tipo de caridad en nuestra comunicación matrimonial podremos abrirnos de capa con nuestro cónyuge, desnudar el alma sin tapujos sabiendo que nuestra intimidad no corre peligro alguno porque entre nosotros no hay juicio, solo amor y compresión. La caridad también incluye cuidar no solo el fondo sino la forma, el tono de comunicarnos. Como dice el refrán: “No es que me digas tonto, sino la tonta forma de decírmelo”.

Se requiere de simpatía y empatía para así poder preocuparnos y entender los sentimientos del otro. Asimismo, para tener la capacidad de ponernos en sus zapatos experimentando su sentir. Con esto nos será más sencillo comprender sus emociones y sentimientos y así evitar estar a la defensiva.

Te comparto este ejemplo para que te des cuenta de lo importante que es saber utilizar las palabras adecuadas cuando queremos expresarnos. María se enojó con su esposo por cuestiones económicas y en vez de dialogar el asunto, se dejó llevar por la ira que sentía. Le dijo que ya estaba harta de él, que era un fracasado, que ya no aguantaba pasar por tantos apuros económicos, etc.

Veamos…. ¿De verdad María estaba harta del esposo? No será más bien que María se siente frustrada con la situación de la cual quizá su esposo ha sido el causante principal. Siente miedo y frustración, entre otras cosas. ¿Cuál sería la actitud idónea de María en una situación como esta? Primero que ella se enfríe y luego decirle a su esposo cómo se siente. No decirle que él la hace sentir así porque de inmediato se manda el mensaje de que el otro es culpable y no se trata de eso, sino de hacerle saber cómo se siente con la situación por la que pasan.  Vale que le diga que se siente harta, pero insisto, de la situación, no de él. ¿Me expliqué la diferencia?

Esto se puede emplear también con los hijos. La mamá cansada de cuidarlos todo el día, de recoger, limpiar y demás. De repente llega uno de los hijos, después de que ella está agotada, con los zapatos llenos de lodo y ensucia toda la casa. La mamá se monta en pantera y le comienza a gritar que ya está harta de él, que lo único que sabe hacer es mugrero, que siempre hace lo mismo, que no sirve para nada más. ¡Zas! Tristemente sí lo hacemos las mamás. Aquí es lo mismo. ¿De verdad la mamá está harta del hijo o está cansada del comportamiento tan poco cuidadoso de él? Es de pensarse, ¿verdad?

Por el otro lado, si tú cónyuge te pide que le escuches, considera lo siguiente. Escuchar requiere de más esfuerzo que de hablar. Por eso Dios te dotó de 2 oídos y solo de una boca. Por lo tanto:

Recuerda que es importante cuando quieras entablar un diálogo con tu cónyuge, por muy enojado que estés, evita la famosa frase de “tenemos que hablar” porque eso en automático le pone a la defensiva y obvio se preguntará: ¿“y ahora qué hice”? Puedes comenzar con algo así: “Amor, me gustaría compartirte cómo me siento con esta situación. Escúchame, por favor”. Recuerda que en el pedir está el dar.

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Articulo Revisado: ¿Por qué no me entiendes o por qué no te explicas? Puntaje: 5 Reviesado por: Hermanos Franciscanos