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domingo, 13 de agosto de 2017

En América Latina los niños ya no nacen ni en vacaciones ni en día festivo

El día que nació Valentina (19 de enero de 2017), en un hospital privado de Querétaro (centro de México), las enfermeras de turno se extrañaron mucho: de los nueve partos programados para ese día, el de su mamá, Vanessa, fue el único “normal”. Las demás mujeres pasaron la el procedimiento de la cesárea.

Es un procedimiento quirúrgico programado que ha hecho –según una investigación realizada por el periódico EL PAÍS—que América Latina tenga la tasa de cesáreas más alta del mundo. Y que la mitad de los partos en México, República Dominicana, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Ecuador sean por esta técnica.

Pero, ¿son todas las cesáreas que se practican absolutamente necesarias? ¿No se tratará de un procedimiento “a modo” de los obstetras, de los hospitales, de las propias madres, cuya propaganda ha corrido la suerte de hacerlo aparecer “cómodo”, sin riesgos para la madre y sin sufrimiento o complicación alguna para el bebé? El sentido común dice que no todos los procedimientos de cesárea son impostergables. Y que debe haber secuelas.

El trabajo de EL PAÍS muestra que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que solo entre 10 y el 15 por ciento de las cesáreas deberían estar justificadas por motivos médicos. Pero que “el resto forma parte de un fenómeno que se ha convertido en pandemia. La región de América Latina y el Caribe es la de mayor tasa de cesáreas del mundo, según un estudio de la revista científica Plos One”.

“Las cesáreas son eficaces para salvar las vidas de las madres y los nonatos solamente cuando son necesarias por motivos médicos”, apunta la OMS en su Declaración sobre Tasas de Cesárea. Y más adelante señala: “Debe hacerse todo lo posible por realizar cesáreas a todas las mujeres que lo necesiten en lugar de intentar alcanzar una tasa determinada”.

Entre 1990 y 2014 la tasa de cesáreas en América Latina y el Caribe aumentó de 23 a 42 por ciento; es decir en poco menos de un cuarto de siglo se dobló la tasa en la región. “Y los datos más actualizados de cada país muestran que la cifra sigue en aumento”, dice el estudio de EL PAÍS. Los estudiosos del tema hablan de múltiples factores, pero mucho de ellos se inclinan por considerar el motivo principal, “la rentabilidad del parto”.

También son los efectos de una “sociedad líquida”, donde los esposos y las madres quieren tener un proceso programado, rápido y sin secuelas, excepto la herida que –con las técnicas modernas—sana pronto y parece invisible. Y la judicialización de la medicina, en la que una cesárea de más nadie la demanda, pero sí se demanda una cesárea de menos. Y eso genera “cirujanos de bisturí fácil”.

En América Latina esta combinación se está dando a mayor velocidad que en los países desarrollados de América del Norte o de Europa.

Los líderes de la región son República Dominicana con 56 por ciento de partos por cesárea, seguida por Brasil con 54.6 por ciento y por México, donde la tasa alcanza 45.2 por ciento. Por lo demás, la cesárea, como en cualquier otra cirugía, ¿está asociada a riesgos a corto y a largo plazo que pueden provocar complicaciones y discapacidades significativas, a veces permanentes o incluso la muerte?

En su Declaración (de 2015, ante la pandemia de cesáreas), la OMS precisa: “las cesáreas pueden provocar complicaciones y discapacidades significativas a veces permanentes, o incluso la muerte, especialmente en lugares que carecen de instalaciones o de capacidad para realizar cirugías de forma segura y para tratar las complicaciones quirúrgicas”. Y remacha: “Idealmente, las cesáreas deben realizarse solo cuando son necesarias por razones médicas”.

El caso emblemático de este desbarajuste es el de República Dominicana, “donde 71 mujeres murieron durante cesáreas en 2016, y las infecciones ya son la segunda causa de muerte materna. En este país, en cuatro de cada diez partos se practican cesáreas innecesarias. Y en las clínicas privadas la cifra se dispara a nueve de cada diez”, según el reporte de Plos One, citado por EL PAÍS.

Valentina nació por parto natural porque sus padres –Vanessa y Francisco—se prepararon concienzudamente para que esto sucediera; lo platicaron con el ginecólogo y los hicieron saber a diestra y siniestra. Dejaron la cesárea como último recurso. El trabajo de parto duró lo que tenía que durar, y el dolor no se lo “ahorró” la madre. ¿No será este el momento en que los futuros padres repitan el eslogan de la campaña que se está llevando a cabo en Brasil: “¿Cesárea? ¡No, gracias!” (salvo que sea médicamente necesaria, como señala la OMS).

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