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jueves, 6 de julio de 2017

Mi amiga la “Meno”

¡Qué cosas! Primero fueron las lágrimas que se me venían sin yo invitarlas. Siempre he sido muy llorona, pero últimamente rayaba en lo ridículo. Luego, momentos en que no sabía de mí. Le llaman “day dreaming”. Mi cuerpo estaba aquí, pero mi mente no. ¡Ay, y lo peor! Vellitos en la cara, de esos que tienes que encontrarte con lupa, pero que sabes que ahí están. ¡Espantosos y nada sexys!

La subida de peso no se hizo esperar. De talla 6 me fui a una maravillosa talla 10 en poco tiempo (aunque aquí entre nos, la 12 me sienta más cómoda). Mi espejo no mentía al mostrarme los estragos que esta subida de peso había provocado.

Ah, y esos calores con sus lindas descargas de sudor que hacen de tu maquillaje un verdadero pegote. Pareciera que en vez de polvo en la cara trajeras plastas de pintura. Y qué tal las canas o, mejor dicho, mi linda cana, porque solo es una la que tengo, pero salió justo en el momento. Cambios de humor. De repente con un súper ánimo y al poco rato pa’bajo.

Había días en que sí sentía que me volvía loca y con urgencia necesitaba de algo dulce. Insomnio y, obviamente, falta de energía, pero muy exagerada. Creí que estaba muy enferma de algo o que estaba a punto de “estirar la pata”, como decimos en mi país. Hasta que se me ocurrió acudir al médico, me hizo análisis y me dio la gran noticia: “¡Estás menopáusica!

¡No puede ser! Otro cambio en mi vida… ¡Y qué cambio! Yo no sé si creí que los años no pasarían por mi o qué onda. Cómo no se me ocurrió pensar que a los casi 46 ya es una edad prudente para darle la bienvenida a mi amiga la Meno: la menopausia. Pero cómo, si hasta hace unos pocos meses yo me sentía tan bien, tan delgadita y llena de vitalidad. Sí, estos cambios fueron de repente, llegaron sin avisar.

Ni corta ni perezosa me di a la tarea de estudiar todo lo que pudiera sobre mi comadre “la meno” para darle la más cordial bienvenida a mi vida y que el tiempo que eligiera quedarse conmigo tuviéramos una relación armónica. Decidí no pelear contra la visita que sé que se quedará conmigo por poco tiempo, solo el necesario. Tomé la decisión de no tomar hormonas artificiales y hacerme responsable de la situación supliendo la falta de estas con aún más ejercicio.

Lo primero que hice fue darle las gracias a mi Creador y a mi cuerpo por haberme dado la capacidad de dar vida y por todo lo que me permitió hacer hasta antes de sentirme tan mal. Entendí que es solo un cambio por el que he elegido transitar de la manera más armoniosa posible. He aceptado todo lo que se fue, lo que ahora vivo y el maravilloso futuro que me espera.

Día a día, aunque mi cuerpo está en una talla que a mí en lo personal no me gusta, lo estoy tratando de la manera más respetuosa y cariñosa posible, y abrazando con amor lo que veo en el espejo. Me hago mis lavados de cerebro diciéndome que yo soy más que un cuerpo esbelto o con rollitos. Claro que me cuesta aceptarlo.

También comprendí que menopausia no es sinónimo de vejez, de fealdad o de que las mujeres ya no servimos, sino de madurez. A esta edad las mujeres tenemos una belleza muy particular y única. Somos sencillamente fascinantes e interesantes. Si no lo creen, pregúntenle a nuestros mariditos.

Sí, efectivamente, es un cambio difícil que yo siempre he comparado con la adolescencia porque sus cambios hormonales son muy parecidos. Percatándome de esto, lo que hice fue una deliciosa reunión familiar -con maridos e hijos- y les compartí por lo que pasaba y lo que yo esperaba de ellos. Le dije que en esta época necesitaba mucho de su amor, cariño, comprensión y paciencia y que si me veían pegar gritos que mejor corrieran antes de que les lanzara huevos. ¡Claro que es broma!

En serio, les pedí que fueran muy pacientes conmigo y que aplicaran este dicho en mí: “Ámame cuando menos lo merezca porque es cuando más lo necesito”. Claro que yo les prometí poner de mi parte para tener autocontrol sobre mis impulsos. Que mis hormonas no maten mis neuronas.

Investigué sobre los posibles cambios que podría experimentar en mi cuerpo con mi tan querida comadre “la Meno”. Al hacerlo me di cuenta de que ya tengo la gran mayoría. Te comparto algunos de ellos para que estés atenta y no te encuentren en la luna como a mí. Obviamente, estos cambios son generalizados y variarán de mujer a mujer.

Lo que sí me queda claro es que, con un estilo de vida saludable, estando en el peso ideal, comiendo y durmiendo bien y, súper importante, haciendo ejercicio, estos pasarán casi inadvertidos por ti. Por favor, al estar experimentando algunos de estos cambios, acude a tu médico. Es importante que te estés revisando periódicamente durante esta etapa.

¿Tantos, tantos, tantos cambios? Pues sí, pero son solo eso, cambios. Todo esto lo único que indica es que sigues siendo mujer, una maravillosa mujer dejando su capullo para convertirse en una bella mariposa monarca.

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Articulo Revisado: Mi amiga la “Meno” Puntaje: 5 Reviesado por: Hermanos Franciscanos