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sábado, 15 de julio de 2017

Los 4 excesos de la educación moderna que perturban a los niños

Cuando nuestros abuelos eran pequeños, tenían solo un abrigo para el frío del invierno. ¡Solo uno! En esa época de vacas flacas, ¡ya era un lujo tener uno! Precisamente por eso, el niño cuidaba de él como si fuera un tesoro precioso. En esa época bastaba la conciencia de tener lo mínimo indispensable. Y, sobre todo, los niños eran conscientes del valor y de la importancia de sus cosas.

Mucho ha llovido desde entonces, hemos acabado volviéndonos personas más sofisticadas. Ahora nos gusta tener varias opciones y queremos que nuestros hijos tengan todo lo que desean, y si es posible, aún más. No nos damos cuenta de que ese mimo excesivo ayuda a crear un ambiente propicio a los transtornos psicológicos.

En este sentido, Kim Payne, profesor y consejero norteamericano, llevó a cabo una experiencia interesante en que simplificó la vida de niños diagnosticados con Transtorno de Déficit de Atención e Hiperatividad (TDAH). Después de solo cuatro meses, el 68% de estos pequeños pasaron a ser considerados clínicamente funcionales. También mostraron un aumento del 37% en sus habilidades académicas y cognitivas, un efecto que no puede lograrse con la medicación prescrita para este desorden, el metilfenidato.

Estos resultados son, en parte, extremadamente reveladores y, sobre todo, también dan un poco de miedo, porque nos hacen preguntarnos si realmente estamos creando un ambiente sano, mental y emocionalmente, para nuestros hijos. ¿En qué nos estamos equivocando y cómo podemos corregirlo?

Al comienzo de su carrera, este profesor trabajó como voluntario en campos de refugiados, donde tuvo que lidiar con niños que sufrían de estrés postraumático. Payne constató que esos niños se mostraban nerviosos, hiperactivos y tremendamente ansiosos, como si presintieran que algo malo fuera a pasarles de un momento a otro. También estaban excesivamente asustados, temían cualquier novedad, lo desconocido, como si hubieran perdido la curiosidad innata de los niños.

Años más tarde, Payne constató que muchos de los niños que necesitaban su ayuda mostraban los mismos comportamientos que los pequeños que venían de países en guerra. Sin embargo, lo extraño es que estos niños vivían en Inglaterra, rodeados por un ambiente completamente seguro. ¿Cuál era la razón que les llevaba a mostrar los síntomas típicos de estrés de los niños post-traumáticos?

El profesor piensa que los niños en nuestra sociedad, a pesar de estar seguros desde el punto de vista físico, mentalmente viven en un ambiente semejante al producido en áreas de conflicto armado, como si sus vidas estuvieran siempre en peligro. La exposición a muchos estímulos provoca un estrés acumulado que obliga a los niños a desarrollar estrategias que les hagan sentir más seguros.

En realidad, los niños de hoy están expuestos a un flujo constante de informaciones que no son capaces de procesar. Se ven forzados a crecer rápidamente, ya que los adultos ponen muchas expectativas en ellos, forzándoles a asumir papeles que realmente no coinciden con la realidad infantil. Así, el cerebro inmaduro de los niños es incapaz de acompañar el ritmo impuesto por la nueva educación, por consiguiente, se produce un gran estrés, con las obvias consecuencias negativas.

Como padres, normalmente queremos dar lo mejor a nuestros hijos. Y pensamos que, si lo poco es bueno, lo mucho será mejor. Por tanto, implementamos un modelo de paternidad sobreprotectora, forzamos a los hijos a participar de una infinidad de actividades que, en teoría, les ayudan a prepararse para la vida.

Como si eso no fuese suficiente, llenamos sus cuartos con libros, dispositivos y juegos. En verdad, se estima que los niños occidentales poseen, de media, 150 juguetes. Es demasiado y, cuando es excesivo, los niños se ven sobrecargados. Como resultado, juegan superficialmente, perdiendo fácilmente el interés inmediato en los juegos y en el ambiente, no se les estimula a desarrollar la imaginación.

Payne resalta que estos son los cuatro pilares del exceso que forma la educación actual de los niños:

1 – Exceso de cosas.
2 – Exceso de opciones.
3 – Exceso de informaciones.
4 – Exceso de rapidez.

Cuando los niños están sobrecargados, no tienen tiempo para explorar, reflexionar y liberar tensiones diarias. Muchas opciones acaban corroyendo su libertad y les quitan la oportunidad de cansarse, que es el elemento esencial en el estímulo a la creatividad y al aprendizaje por descubrimiento.

Gradualmente, la sociedad ha ido corroyendo las cualidades que hacían que el periodo de la infancia fuera algo mágico, tanto que algunos psicólogos se refieren a ese fenómeno como la “guerra contra la infancia”. Basta pensar que, en las últimas dos décadas, los niños han perdido una media de 12 horas por semana de tiempo libre. Incluso las escuelas y jardines de infancia han asumido una orientación más académica.

Un estudio realizado en la Universidad de Texas revela que cuando los niños juegan con deportes bien estructurados, se vuelven adultos menos creativos, en comparación con los jóvenes que tuvieron más tiempo libre para crear sus propios juegos. En realidad, los psicólogos han notado que la forma moderna de jugar genera ansiedad y depresión. Obviamente, no es sólo que el juego sea más o menos estructurado, sino por la falta de tiempo.

La mejor manera de proteger la infancia de los niños es decir “no” a las directrices que la sociedad pretende imponer. Es necesario dejar que los niños sean niños, solo eso. La mejor manera de proteger su equilibrio mental y emocional es educar a los niños en la sencillez. Para eso es necesario:

– No llenarles de actividades extracurriculares que, a largo plazo, no les ayudan en nada.

– Déjales tiempo libre para jugar, preferentemente con otros niños, o con juegos que estimulen la creatividad, juegos no estructurados.

– Pasar un tiempo de calidad con ellos es el mejor regalo que los padres pueden dar.

– Crear un espacio tranquilo en sus vidas, donde puedan refugiarse del caos y aliviar el estrés diario.

– Reducir la cantidad de información, asegurándose de que esta sea siempre comprensible y adecuada a su edad, lo que implica un uso más racional de la tecnología.

– Simplificar el ambiente, apostando por menos juegos y asegurándose de que los que tienen realmente estimulen su fantasía.

– Reducir las expectativas sobre sus tareas, dejar que sean simplemente niños.

Recuerda que los niños tienen toda una vida para convertirse en adultos, así que de momento permite que vivan plenamente la infancia.

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Articulo Revisado: Los 4 excesos de la educación moderna que perturban a los niños Puntaje: 5 Reviesado por: Hermanos Franciscanos