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viernes, 14 de julio de 2017

¡Honores a Antonio Banderas, Premio Nacional de Cinematografía 2017!

Focos, alfombra roja, famoseo, dinero… Hollywood, seducción, pompa… No es fácil estar en el mundo del cine, llevar a cuestas más de cien películas, ser uno de los nombres más conocidos y premiados de España y seguir apegado al suelo con humildad. Sin embargo, para Antonio Banderas (Málaga, 1960) esto parece fácil. Y es que el actor, director y productor malagueño es conocido por su simpatía y sencillez. Banderas es, sin duda, un tipo majo de los de verdad. Sin doblez. Lo saben todos aquellos que le han entrevistado o trabajado con él. ¿Cuál es su secreto? Sigan leyendo y lo descubrirán.

«Recibir un premio trae atado una montaña de tentaciones vanidosas contra las que hay que luchar como El Quijote lo hacía contra los molinos, o gigantes, de su tierra manchega», reconocía Antonio Banderas al recibir el Premio de Honor de los Premios Platino del Cine Iberoamericano 2015. Su conocida honestidad ha asomado nuevamente al concederle el Ministerio de Cultura de España el Premio Nacional de Cine 2017. El actor malagueño estaba en el Festival de Cine de Isquia (Italia) cuando aceptó el premio «lleno de gratitud, humildad y sentido de la responsabilidad».

Banderas es un hombre de honor. Y así lo muestran los premios honoríficos que le han sido concedidos: Hijo Predilecto de Málaga, Premio Donostia, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, Goya de Honor, etc. etc. Y eso sin contar que su estrella adorna el Paseo de la Fama en Hollywood. De acuerdo, pese a las nominaciones, no ha ganado ningún Globo de Oro, ni Emmys, ni Oscars. ¿Y a quién le importa? A Antonio Banderas, seguro que no. Menos después de perder casi la vida el pasado enero tras sufrir un ataque al corazón, por la fatiga acumulada. El actor malagueño merece todos los honores por su personalidad y por su amabilidad a la hora de abrir puertas en Estados Unidos a los actores latinos.

Precisamente, esta trayectoria humana es la que ha interesado a la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. La Academia ha resaltado su «trayectoria extraordinaria a nivel nacional e internacional, que ha abierto el camino para muchos actores y actrices españoles». En efecto, para Banderas el cine no es una profesión, sino una vocación. Y como tal es camino de construcción humana en su vida. Decía el actor al recibir el Goya de Honor 2015 que realmente lo que le debe al cine «no es tanto lo que tengo, sino lo que soy».

Y eso que no lo ha tenido fácil. Llegado de joven a Madrid, en pleno auge de la Movida Madrileña, vivía sin salir a flote y tirando de lo que podía. A falta de su amada Virgen de Lágrimas y Favores, tiró entonces del Cristo de Medinaceli, como reconoció en 2005 en una entrevista de nuestro amigo Jerónimo José Martín en La Gaceta.

Ahora, consagrado y reconocido por todos, lejos de apartarse del cine, sigue con fuerza a la vez que hace de embajador universal de la Semana Santa malagueña. ¡Y que no le aparten de su Virgen, el Domingo de Ramos, en su puesto de mayordomo de trono! No contento con ello, es fácil que Banderas organice una fiesta solidaria cuyos beneficios vayan a la Fundación Lágrimas y Favores. Esto de dar fondos a la iglesia de la que uno vive no es algo inusual entre los que vivieron la banal Movida Madrileña: también Fabio McNamara aporta la mitad de las ganancias de su arte a la Iglesia.

Banderas ha mantenido siempre una distancia con la Movida Madrileña. A pesar de ser hombre Almodóvar en sus inicios (Laberinto de pasiones, Mujeres al borde de un ataque de nervios, etc.), el actor ha sabido alejarse con elegancia del ambiente urbanita e insano. ¿Fue marcharse él y caerse Almodóvar?

Su trayectoria muestra así un recorrido que va desde las primeras y más gamberras cintas de juventud hasta las más experimentales y terroríficas (La piel que habito, nuevamente con Almodóvar), pasando por las más cómicas y de acción (La leyenda del zorro, con Zeta-Jones; Los Mercenarios, con Stallone, etc.), o serenas y humanas (Philadelphia, Locos en Alabama). Eso sin olvidar el musical, como Nine o esa Evita que interpretó con Madonna, quien se lo había llevado años antes a América.

Banderas no olvida su tierra, ni su acento ni a su gente. Más bien tiene tendencia a amar a los desamparados. «La misión del héroe es aprender a ser padre», dijo del Zorro. Apegado a sus costumbres y a la religiosidad de sus orígenes, el cineasta malagueño poco a poco se ha ido convirtiendo en ese padre de muchos. Quizá por ello vale ahora lo que dijo nuevamente al recibir el Goya de Honor en 2015: «No sé si este premio me llega cuando me tenía que llegar, o si lo merezco, pero creo haber sabido sobrevivir con dignidad y constancia entre los bosques de las subjetividades, las mermeladas del éxito, los páramos desiertos del fracaso y las luces de gas».

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