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martes, 11 de julio de 2017

Este devoto misionero estadounidense oía confesiones 14 horas al día

Nacido en una pudiente familia italiana en 1806, a Samuel Mazzuchelli le esperaba un brillante futuro. Su destino era convertirse en un gran político y su padre ansiaba ver despegar la carrera de su hijo. Mazzuchelli, por su parte, tenía otros planes.

Quería convertirse en misionero y unirse a la Orden de Predicadores, los dominicos. A su padre no le alegraba mucho, pero terminó por darle su permiso a Mazzuchelli. Con gran gusto, Mazzuchelli renunció a su herencia y se unió a la Orden de Predicadores con 17 años. Primero le enviaron a Roma, pero no tardó en expresar sus deseos de viajar al Nuevo Mundo.

La diócesis de Cincinnati reclutó a Mazzuchelli, quien abandonó Europa antes de ser ordenado sacerdote. A la llegada a su destino, tuvieron que enviar una petición a Roma para una dispensa que permitiera ordenar a Mazzuchelli a la joven edad de 23 años.

A pesar de su falta de experiencia, Mazzuchelli estaba al cargo de un amplio territorio. Comenzó su misión en la zona de Green Bay en Wisconsin, pero con el tiempo mudó su base de operaciones al suroeste de Wisconsin, luego al este de Iowa y al noroeste de Illinois.

Durante su etapa cerca de Green Bay, Mazzuchelli escuchaba con frecuencia en confesión durante 14 horas al día. Su presencia era bien recibida por muchos, ya que los jesuitas que habían traído la religión cristiana ya no seguían allí.

Mazzuchelli bautizó a muchos nativos americanos e insistió en que recibieran una educación apropiada. Además de predicar en su idioma local, también les enseñó música, geometría y otras disciplinas. Mazzuchelli lamentó el trato hacia los nativos americanos por parte del Gobierno estadounidense y deseaba que fueran educados a un nivel mayor.

En sus memorias, advirtió de que si los nativos americanos no recibían oportunidades educativas, la “población de Europa ocuparía el continente entero y entonces apenas quedaría un rastro de existencia de los pobres indios en su tierra”.

Mazzuchelli tuvo un gran éxito con los nativos americanos, pero su ministerio no se quedó ahí. El joven misionero también fue un gran arquitecto que llegaría a diseñar 24 iglesias y edificios civiles en todo su territorio. Incluso se cree que influyó en el diseño del antiguo Capitolio Estatal de Iowa en la Ciudad de Iowa.

La ciudad de Shullsburg, Wisconsin, recibió ayuda adicional del padre Mazzuchelli. Según su sitio web, “el padre Mazzuchelli también puso nombre a las calles de la sección noreste de Shullsburg en honor a las virtudes de la vida: Paz, Verdad, Bondad, Caridad, Felicidad, Amistad, Fe, Devoción, Justicia, Sabiduría, Virtud, Misericordia y Juicio. En 1958, el ayuntamiento añadió ‘Esperanza’”.

Luego fundó una comunidad de Hermanas dominicas, además de una escuela para chicas que se convirtió en una universidad dominica. Según la Sociedad Histórica de Wisconsin, antes de su muerte “impartió cursos de ciencia en Benton entre 1854 y 1864 [y] fue uno de los primeros profesores en el Estado en utilizar métodos de laboratorio y apoyo visual”.

Arquitecto, planificador urbano, científico, profesor y lingüista, pero, por encima de todo, el padre Mazzuchelli fue un pastor de almas famoso por su bondad y gentileza. Hizo todo lo que pudo para conducir su rebaño al paraíso.

En 1993, el padre Mazzuchelli recibió el título de ‘venerable’ y recientemente la causa para su canonización ha llegado a otro hito. En 2006, el obispo Morlino fue informado de que “un hombre en la diócesis de Madison (…) creía haber sido curado milagrosamente de un cáncer de pulmón después de visitar el monumento al recuerdo del padre Samuel en Sinsinawa Mound y rezar por su intercesión”.

Actualmente, este supuesto milagro está siendo investigado en Roma y hay esperanzas en que prepare el camino para la beatificación de Mazzuchelli.

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