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domingo, 9 de julio de 2017

“Día de Patriotas”, día de Reflexión

Ha tardado varios meses en estrenarse, pero por fin llega a nuestras pantallas “Día de Patriotas”, la última película Peter Berg, donde además de la dirección cuenta con la co-escritura del guión. ¿Merece la pena?, ¿es buena película?, ¿dice algo nuevo en su forma y en su fondo?

“Día de Patriotas” es una película de las que ya se sabe el final porque cuenta los atentados ocurridos en Boston durante la celebración anual de su maratón. El terrible suceso y los hechos que siguieron al mismo. Berg ha buscado que el protagonista de la historia sea la misma ciudad y sus ciudadanos, intentando dar fe del mismo título del film: lo que se va a narrar es, entre otras cosas, una historia sobre qué significa al patriotismo en una situación real en un momento concreto.

Ese personaje elíptico que es la ciudad va a ser tratado de dos formas. En primer lugar, desbrozando el guión en un número amplio de distintas historias de varios bostonianos que se vieron inmersos de una forma u otra en los atentados. Desde la visión de la víctimas, los policías, las autoridades locales y estatales hasta estudiantes extranjeros que viven en Boston.

Es, en ese sentido, una película coral. En segundo lugar, le va a dar el estatuto de pseudodocumental, grabando y recreando escenas casi literalmente iguales a las que se pudieron ver el día de los atentados, además de añadir algunas reales. Eso vuelve a la película ligera y convierte a la acción de los sucesos en más sugerente. A ello, se añade esa especie de cronología de horas y días que van pasando en los rótulos que van apareciendo, dando a entender que la película no simplemente es una ficción sino que pretende dar testimonio fidedigno.

El sujeto coral que es Boston estará representado por Mark Wahldberg, John Goodam, Kevin Bacon, J. K. Simmons, Jimmy O. Yang, Jake Pickings… En general, las actuaciones son planas y no van persiguiendo premio alguno, pero eso, frente a lo que se puede pensar, ayuda al mismo ritmo documental de la película, y ceden gentilmente el paso para ver en la ciudad a su verdadero protagonista.

Es más, si alguna actuación queda en la retina es de la Jimmy O. Yang, el joven chino que fortuitamente se ve inmerso en el suceso y la de J. K. Simmons, que con dos gestos sentencia perfectamente lo que es ser jefe de policía en una pedanía de Boston como Watertown. Reseñar también la escena final de Rachel Brosnahan en el interrogatorio: esa interpretación de 3 minutos es demoledoramente buena. Además, si se ve en inglés original se oirá parte del vocabulario y el acento típico bostoniano. Y es que Boston está en sus acentos, en los Red Sox, en las tiendas que se mencionan y las calles…

Pero no crea el lector que todo eso desmerece la película, porque, antes bien, la realza: Berg, quizás porque ha coescrito el guión, se nota dónde quería ir y cómo quería hacerlo. Y lo ha hecho bien. Y da la sensación que los actores tenían conciencia de que su interpretación estaba al servicio un hecho más grande que su ego. De hecho, algunos de los papeles del casting se han repartido, sin duda, por la semejanza física con la persona real a la que dan vida (véase el caso de John Goodman).

Dicho esto, la respuesta a la primera pregunta es “sí”, merece la pena. La película tiene un ritmo y un interés grato a los ojos del espectador, y mezcla la acción evitando el sentimentalismo, da pretensión de objetividad a los hechos sin olvidar a los sujetos protagonistas, y da a los sujetos suficiente profundidad para hacerlos interesantes pero no emocionalmente cansinos. Es una película lograda.

Pero ¿es buena película? Se podría decir que no es mala y que supera la media. Y aunque ni en su fondo ni en su forma mejora nada de lo ya visto, da la sensación al espectador de ser un buen trabajo. No saldrá defraudado del cine, o no totalmente.

Sólo tiene un riesgo: la película puede ser interpretada bajo dos lecturas. Ahora con Trump, y con toda la cuestión política por medio, podemos leer el film de un modo paradójicamente maniqueo: como si la película mostrara un mundo de buenos y malos perfectamente definidos y como si el espectador crítico europeo dedujera que es “demasiado yanqui”, trazando (esta es la paradoja) una línea maniquea a quienes considera maniqueos.

La lectura política del film (de cualquier tipo) es permisible y es válida. Pero existe otra, bajo mi punto de vista es mucho más interesante, que es la que el director ha intentado mostrar, a saber, aquella otra que enseña la intrahistoria personal de quienes vivieron esos atentados de primera mano: sus acciones, sus motivos, sus reacciones y sentimientos… Y que creo que es la apuesta real del director al mostrar al final varios testimonios de los protagonistas de aquella tragedia: ni son ingenuos, ni maniqueos, y tienen un valor humano digno de oír.

Cierto es que ambas lecturas se permean y no tienen por qué darse por separado, al menos, porque el director ha querido mostrarlas en la frase que dijo Obama en el funeral que se celebró en Boston: “para millones de nosotros, lo que pasó el lunes es algo personal”. Si hablaba de política o de personas es cosa que se deja a interpretación del espectador.

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Articulo Revisado: “Día de Patriotas”, día de Reflexión Puntaje: 5 Reviesado por: Hermanos Franciscanos