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martes, 13 de junio de 2017

Ni rastro del cáncer diagnosticado, pero ese no es el mayor milagro…

Definitivamente, nunca estamos del todo preparados para recibir una nueva de esta magnitud. Es más, piensas que a todos les puede pasar menos a ti. Lo que sí es cierto -y soy una convencida de esto- es que dependiendo de qué tan sólida tengas tu vida espiritual, y me refiero específicamente a la fe, el golpe emocional al recibir tal noticia será más llevadero. Que va a doler, va a doler. De eso no hay duda. Pero que la fe será un amortiguador maravilloso, también eso es muy cierto.

“¡Tienes cáncer!”, quien las ha escuchado de primera mano podrá entenderme. En el momento en que uno oye el diagnóstico entra como en una nube extraña donde camina en otra dimensión. Literal, pareciera que todo tu “yo” se anestesiara. Los psicólogos lo llaman “shock”. Yo lo llamo paz espiritual porque de verdad se siente que Dios te lleva en sus brazos. Son dos palabras con enorme contenido porque están llenas de lecciones, de oportunidades si las sabemos acoger de una manera positiva y con la mejor actitud.

¿Fácil? ¡Qué va! Nada sencillo. Sin embargo, la presencia de Dios en tu vida y durante el proceso de la enfermedad será la que haga la diferencia.

El cáncer ha sido una gran lección de vida para muchas personas. Grandes conversiones han surgido a raíz de vivir cara a Dios esta enfermedad, tanto en las personas que lo han padecido como en los acompañantes de camino.

La respuesta clara del por qué y del para qué la encontramos en este pasaje de las Escrituras: “Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: “Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?”. Respondió Jesús: “Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios“. 

Esta es la respuesta del porqué de tanto sufrimiento. Es para ayudarnos a acercarnos y a acercar más almas a Dios y para que por medio de nuestro dolor, Él obre maravillas y su Gloria sea manifestada en cada uno de los corazones afligidos. Es por eso que necesitamos desatarle las manos a Dios y entregarle nuestra enfermedad para que sea un vehículo de conversión y de santificación, no solo personal, sino para todos.

Justo esto fue lo que hizo una persona a la que tengo el honor de conocer, de llamar amigo y con la que trabajar mano a mano ayudando a los matrimonios en crisis: Ángel Estrada. Un hombre de familia, felizmente casado con 3 hijas, lleno de salud y de vida. Pero, sobre todo, ético, recto, congruente y colmado de fe y de amor, por Dios y por las almas.

Sin meterme más en la historia, de un día para otro su diagnóstico fue que tenía cáncer y que ya se le había extendido al cerebro. Todos los que le amamos entramos en “shock”. Simplemente no lo podíamos creer. En lo personal, cuando yo recibí la noticia confieso que sí volví mis ojos al cielo y con llanto, impotencia e incredulidad cuestioné a Dios:

¿Por qué, mi Señor? Tú que eres todo amor, que eres la Justicia y la Sabiduría infinitas estás permitiendo que un hombre tan bueno y que tanto bien está haciendo por los matrimonios pase por esto. ¿Acaso no te das cuenta de que hay muchos que le necesitamos y le amamos, que nos hace falta aquí? Hay muy pocas personas como él y tú te lo quieres llevar”.

Después de permitirme sentir esto y de que por unos instantes me ganó mi humanidad llena de miedo, corrí al Sagrario y me hinqué ante Jesús Eucaristía. Le pedí perdón porque quién soy yo para cuestionarle nada.

Le rogué por el milagro para mi amigo, uno muy específico: que cuando fuera su cirugía y entraran los doctores a remover el cáncer de su cuerpo, que no encontraran nada. Claramente escuché la voz de Dios en mi corazón que me decía que no me preocupara porque Él estaba a cargo y que creyera aún más.

Recuerdo un día en que mi esposo y yo le mandamos un mensaje haciéndole saber nuestro cariño y apoyo. En ese texto le pedíamos que nos dijera qué más podíamos hacer por él aparte de rezar. Su respuesta nos hizo reiterar que Ángel era verdaderamente un hombre de Dios y que nuestro buen Jesús le llevaba en sus brazos.

“Si quieren hacer más por mí, pregúntenle en oración al Señor cómo pueden mejorar la relación con Él y hágalo de preferencia en pareja. Reciban un fuerte abrazo con mucho cariño”, escribió. ¡Qué tal! A pesar de ser él quien pasaba por un momento difícil se preocupaba por que nosotros creciéramos en amor.

Las cadenas de oraciones no se hicieron esperar. Ángel tuvo a bien abrir su corazón por medio de esta maravillosa carta que compartió en su Facebook. Es un texto por demás lleno de fe, de amor, de certeza y esperanza. Él lo tituló: Hablar con Dios.

“Te escribo estas palabras porque quiero pedir tu ayuda. Tengo cáncer en la cabeza, una parte está en el cerebro, y no sé lo que vaya a pasar después de la cirugía porque los riesgos son muchos. Por eso te pido que hables con Dios y le pidas por mí. Sé que no es fácil creer que Dios nos va a contestar, que Dios está atento a lo que nosotros hacemos, a nuestras palabras y que está dispuesto a hablar con nosotros. Por experiencia te digo que Dios quiere hablar con nosotros, que quiere ser nuestro amigo… Nuestro mejor amigo para ayudarnos en todo momento de nuestra vida.

Si invitas a alguien más a rezar junto contigo es mejor.

Dios está presente en todo momento en todos lados. Solo basta empezar a dirigir algunas palabras a Él. Incluso decirle: “no sé cómo hablar contigo”. En ese momento ya estás hablando con Dios. En ese momento le puedes hablar de mí a Dios, de quién soy y por qué sería conveniente que yo siguiera vivo o con mis facultades mentales y sentidos actuales. Si quieres puedes también preguntarle a Dios “¿Qué quieres que haga yo por Ángel?”  Y esperas su respuesta como esperas la respuesta de cualquier persona a la que le has hecho una pregunta; espera pacientemente.

Es muy probable que Dios no se te va a aparecer o vas a escuchar una voz contestándote, pero Él tiene sus propios medios con los que se comunica contigo y que tú puedas entender lo que Él quiere. Dios se comunica con nosotros por medio de nuestra inteligencia y voluntad. ¿Has oído las expresiones “se me prendió el foco” o “me cayó el veinte”? Lo mismo pasa cuando Dios se comunica con nosotros por medio de la inteligencia. Podemos comprender algo que Él quiere que hagamos o entendamos sin la necesidad de un proceso lógico que nos haya llevado a entender o conocer lo que Él nos dijo y sin dudar del conocimiento.

La segunda forma es por medio de la voluntad. Cuando tienes ganas de hacer algo que por lo general no te gusta y no sabes porqué o de dónde viene ese deseo.

Una vez que has escuchado lo que Dios quiere que tú hagas, entonces ponlo en práctica y después vuelve a hablar con Él para que le platiques cuál fue tu experiencia. Tal vez te gustaría hacerle más preguntas, como pedirle que te diga qué debes hacer ante algo que estás viviendo. Recuerda que para Dios es difícil contestar preguntas que empiezan con “por qué”, debido a que involucran una razón y muchas veces no estamos listos para entender o aceptar las razones de Dios. Es mejor hacer preguntas que te lleven a escuchar la guía de Dios en tu vida.

Ojalá puedas ayudarme haciendo la voluntad de Dios y pidiendo por mí. También espero que tú -haciendo estos ejercicios- conozcas un poco más a Dios como tu amigo y continúes estos ejercicios por tu cuenta. ¡Recuerda que Dios es Amor y Él quiere ser tu mejor Amigo!”.

¿Acaso tengo yo algo que agregar? Mis palabras sobran ante tanta muestra de fe. Al poco tiempo nuestras plegarias fueron escuchadas y Dios nos respondió justo con el milagro que le pedimos. El día de la cirugía, no hubo nada que remover porque los doctores se toparon con que el tumor había desaparecido. Así se las gasta Dios.

Como hombre de fe que es Ángel, lleno de gratitud volvió a compartir algo muy lindo.

“Agradezco a Dios por su respuesta a tus oraciones, y a ti por haber hablado con Él sobre mí. Quiero compartir contigo el gozo de que los doctores no encontraron el tumor en mi cabeza durante la cirugía y que los resultados de las muestras que se tomaron donde se tenía localizado el tumor confirmaron que no hay cáncer. Ahora lo más importante en este proceso es tu relación de amistad con Dios. Espero que puedas hacerla crecer y le permitas a Dios ser tu mejor amigo dedicándole unos minutos cada día a hablar con Él para pedirle que te vaya guiando en tu vida. Si hablas con Dios persistentemente, irás conociéndole más. Te darás cuenta de cómo Él nos ama y cómo nos guía hacia la felicidad”.

Gracias a este evento y al “Fiat” de Ángel, todos los que estuvimos cerca de él crecimos en nuestra fe y vida de piedad. Reiteramos que Dios es un Dios de vivos. Que es un Padre amoroso que siempre nos escucha y que solo está en espera de que le pidamos con fe.

Gracias, querido amigo, por testimoniar los milagros de Dios en tu persona. Gracias por ser el vehículo para que nos acercáramos más a la Fuente inagotable de su amor. Gracias por permitir que las obras de Dios se manifestaran en ti. “Gratias Tibi Deus. Gratias Tibi”.

Por Luz Ivonne Ream, coach Ontológico/Matrimonio/Divorcio Certificado, especialista Certificado en Recuperación de Duelos, orientador matrimonial y familiar.

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Articulo Revisado: Ni rastro del cáncer diagnosticado, pero ese no es el mayor milagro… Puntaje: 5 Reviesado por: El Evangelio del día