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viernes, 16 de junio de 2017

¿Donar órganos o no debería ser un deber moral?

Que la donación de órganos es un acto de generosidad es una indudable verdad, tanto si se realiza desde una persona viva que cede uno de sus órganos (generalmente duplicados o regenerables), como desde una persona fallecida. Todas aquellas personas que toman esta decisión merecen nuestro reconocimiento y, por lo tanto, también nuestro respeto y admiración.

Del mismo modo, merecen nuestro respeto aquellas que toman la decisión contraria, porque las repercusiones en su vida (en caso de donación de vivo) o la situación de tristeza que rodea el momento de la decisión (en caso de donación de fallecido), así como sus convencimientos personales y morales son importantes.

Si podemos calificar de generosidad la donación de órganos, nunca deberíamos calificar de falta de generosidad lo contrario. Ésta es una frase que debemos tener muy presente para no ejercer una presión que obligue a otros a tomar una decisión que no sea desde la total y absoluta libertad.

Sin embargo, es necesario respetar algunos límites éticos e incluso de sentido común:

Al tratarse de un tema nuevo (el primer trasplante con éxito tuvo lugar en 1954), que avanza de forma muy rápida y muy delicado porque en él intervienen la vida y la muerte y por lo tanto hay tantas situaciones como personas implicadas, el listado de recomendaciones éticas podría ser interminable.

En estos casos, hay una premisa que siempre nos puede ayudar a discernir: el fin no siempre justifica los medios, pero sí que muchas veces son los medios los que justifican y hacen buenos los fines.

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Articulo Revisado: ¿Donar órganos o no debería ser un deber moral? Puntaje: 5 Reviesado por: El Evangelio del día