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martes, 13 de junio de 2017

Cuando me enamoré del marido de mi amiga

No, no es un capítulo de telenovela. Es la vida real y sucede más de lo que nos imaginamos. El esposo que le fue infiel con la amiga y viceversa. ¿¡Amiga!? Así como lo leen, ¡con la amiga! Como dicen, como esa clase de “amigas” para que quiero enemigas.

Tengo muchos años ya dando asesoría a matrimonios y simplemente no me acostumbro a esta clase de noticias. Como mujer me llena de rabia e indignación que estas cosas pasen. Sobre todo, que entre mujeres nos traicionemos de esta manera. Y peor aún, que la deslealtad venga de una disque amiga.

Una infidelidad siempre va a doler. Pero cuando la traición es con ella a la que tú le confiabas todo, compartían secretos, le abriste las puertas de tu casa y de tu corazón, la puñalada duele más. ¡No se vale!

Pero, ¿en qué momento se cruzó esa línea? En una relación de amistad, en esas donde se convive en parejas para todo, salen de viaje, etc. hay reglas básicas de prudencia y respeto para la convivencia que jamás se deben romper. Te enumero algunas.

-Eviten chistes o conversaciones con contenido sexual. Está comprobado que los amigos -entre parejas- que tienen ese tipo de pláticas son más propensos a caer en infidelidad entre ellos porque se pueden abrir puertas a más.

-Cuando compartan en fiestas o reuniones donde se baile, tú no tienes nada que estar haciendo bailando con el cónyuge de alguien más. Mucho menos si son baladas románticas donde el baile invite a que haya contacto corporal. ¿Exagerado? ¡Nada de eso! Es sencilla prudencia y sentido común.

– Mujer/hombre, si pasas por una crisis matrimonial o emocional, no te encuentres en privado al cónyuge de tu amigo (a) para encontrar consuelo. Si lo que buscas es que te aconseje, entonces que lo hagan, pero en pareja.

-Mujer, cuida tu forma de vestir. Cuando vayas a las reuniones con tu grupo de amigos no necesitas despertar los deseos ni la pasión de alguien más que no sea tu esposo. Si lo que quieres es vestirte sexy y provocativa, hazlo, pero solo para tu marido y en intimidad. ¿O acaso tu autoestima anda tan baja que necesitas que otros ardan en deseos por ti para sentirte valiosa?

-Eviten los encuentros a solas. No hay necesidad de que te veas con el cónyuge de tu amigo (a) a solas para tomar el café, solo para platicar de manera inocente pensando que no pasa nada. Te cuento que sí pasa y muy seguido.

-Mujer/hombre, eviten las conversaciones a solas y el toqueteo. Es decir, nada de llegar con besos y caricias insinuantes disfrazadas de sutileza, pero llenas de mensajes ocultos. Si quieres demostrar lo cariñoso (a) que eres, hazlo con tu cónyuge que seguramente está deseoso (a) de que lo hagas.

-Si estando en su grupo de amigos caíste en cuenta de que comenzaste a sentir una atracción o debilidad especial por alguien más, ¡retírate de inmediato! Esto es una señal de que algo en tu persona y/o en tu matrimonio necesita ser atendido. Sé honesto (a) y platícalo con tu cónyuge y ambos enfrenten este asunto de una manera madura. Más vale hablarlo y arreglarlo a tiempo que después sufrir las consecuencias de no haberle prestado atención.

-En los grupos de amistades en pareja, mujer, tú eres amiga de ella. Varón, tú eres de él. O en pareja. Es muy difícil -no imposible- que realmente exista la amistad filial entre hombre y mujer y que no se llega a despertar algo más después de tanta convivencia. Una vez más, es una medida de prudencia.

-Cuiden su lenguaje verbal y no verbal. Un hombre -a pesar de que su naturaleza es ser cazador- difícilmente dará el primer paso hacia la mujer sin antes haber recibido un mensaje tácito de ella de que está dispuesta/disponible.

Mujer/hombre, si lo que necesitas es sentir la adrenalina que te dan los deportes extremos como la infidelidad, no será metiéndote en la cama del cónyuge de alguien más como la obtengas. Mejor tírate de un “bungee” o de un paracaídas, pero nunca te le avientes al marido, a la esposa ajena. Si como casado (a) necesitas sentir experiencias distintas nunca será tu derecho satisfacerlas con el cónyuge de un tercero. Mucho menos con el de tu amigo (a). ¡Sentido común!

Como casados tenemos un débito conyugal. Es decir, nuestros deseos, pensamientos, miradas, palabras, obras y todo nuestro cuerpo tienen dueño, solo uno para y siempre.

Definitivamente, nadie estamos exentos de pasar por esto. Ninguna persona puede decir de esa agua no beberé porque el camino es largo y te puede dar ser. Todo somos capaces de todo. Por eso, ninguna medida de precaución está de sobra. Más vale pecar de exagerados que luego arrepentirnos por no ser precavidos. Necesitamos estar atentos a no dar entrada a nada que nos reste dignidad como personas, como hijos de Dios.

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Articulo Revisado: Cuando me enamoré del marido de mi amiga Puntaje: 5 Reviesado por: El Evangelio del día