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lunes, 19 de junio de 2017

¿Cómo mantener el espíritu “en forma” a través de la alimentación?

Cada día las células de nuestro cuerpo se renuevan, nuestros órganos trabajan, nuestras emociones nos guían… Para disponer de la energía indispensable para un buen funcionamiento, extraemos las sustancias necesarias de nuestra alimentación.

Ahora sabemos que el 80% de las enfermedades actuales se deben a una mala alimentación pero, al margen de eso, también se considera hoy como prácticamente seguro que existe un vínculo entre la alimentación y nuestra plenitud, tanto personal como profesional. Como indicio, ¿acaso no cambiamos nuestros hábitos alimentarios cuando nos sentimos alicaídos?

Según Hipócrates, (460 – 370 a. C.), considerado como el “padre de la medicina”, la alimentación es la base y el elemento esencial de la salud. Su teoría era que el cuerpo contiene en sí mismo el poder de reequilibrar los humores (los 4 elementos: agua, fuego, tierra y aire) y la capacidad de autocuración. Hipócrates era una especie de dietista de la antigüedad que aconsejaba comer de manera equilibrada y en función de las estaciones.

Hoy día, algunos médicos han vuelto a sus preceptos, empleados sobre todo en la naturopatía, terapia alternativa que trata de reequilibrar el cuerpo a través de medios naturales como la alimentación, el deporte…

En el Occidente de nuestro tiempo, el principal origen de las afecciones está en el modo de vida y la alimentación, sobre todo en el consumo de productos refinados. Por otro lado, nuestras vidas nos imponen a menudo alarmantes ritmos alimentarios, perjudiciales para nuestra salud. Poco tiempo, pocos medios… hay muchas excusas diferentes para justificar nuestros comportamientos alimentarios y quizás nuestra falta de conocimiento sobre ciertas consideraciones esenciales y muy útiles.

Así que en este artículo propondremos algunos elementos básicos que nos ayuden a gestionar el estrés diario, mejorar el funcionamiento de nuestro cuerpo gracias a los diferentes alimentos, sirviéndonos también de los preceptos de santa Hildegarda de Bingen, conocida por su arte de “curar a través de la alimentación”.

No obstante, es importante recordar la diferencia entre prevención y tratamiento curativo. Ningún estudio de media o gran escala ha demostrado que una enfermedad ya desarrollada pueda ser tratada sin riesgo únicamente a través de la alimentación, de modo que siempre hay que llevar un seguimiento médico paralelo durante el tratamiento de una enfermedad ya diagnosticada.

Santa Hildegarda de Bingen nació en 1098 en Böckelheim, Alemania, a 25 km al sur de Maguncia y era la menor de una familia con 10 hijos. Fue una gran figura de la Edad Media y tuvo visiones desde muy joven, aunque no empezó a escribir lo que había visto y oído hasta después de los 43 años.

Entre sus obras, sus trabajos sobre la alimentación son muy célebres. Escritos originalmente en latín, fueron readaptados por los médicos alemanes en la década de 1950. Hildegarde considera que ciertos alimentos son buenos para nuestro psiquismo y nuestra salud, mientras que otros no lo son.

Descubramos, pues, algunos de los consejos sobre alimentación de santa Hildegarda de Bingen:

– Ante todo, recomienda empezar la jornada con una comida que “caliente” el estómago, es decir, que le aporte el calor presente en los cereales y las bebidas calientes, pero cuidado, sin abusar, “porque si no, hace nacer la lepra (quemaduras) en el vientre y lo hincha”.

– Santa Hildegarda de Bingen recomienda también evitar grandes cantidades de hortalizas crudas, ya que ciertas verduras o frutas crudos irritan la pared intestinal. Considera también que ingerir los alimentos no cocinados exige al cuerpo un extra de energía para recalentar el organismo hasta los 37 grados corporales. Los alimentos “malos” según ella son: el ajo chalote, el puerro, la fresa, la acedera, la cebolla (aunque puede ser buena si es cocinada).

– Para santa Hildegarda, la “reina” de los cereales es la espelta: “la espelta es un grano excelente, de naturaleza caliente, grueso y lleno de fuerza, y más blando que los otros granos. A quien lo come le da una carne de calidad, una sangre de calidad. Concede un espíritu alegre y trae alegría al espíritu del Hombre”. En efecto, este cereal es rico en oligoelementos, sobre todo magnesio, hierro, zinc, fósforo, además de en vitaminas y proteínas. Puede consumirse de varias formas: pan de espelta, arroz de espelta, fideos de espelta, potaje de sémola de espelta… siempre que la espelta no sea un híbrido.

Por otro lado, entre los alimentos que ella considera “buenos” encontramos el hinojo, las castañas, las ortigas; para condimentar: el eneldo, el perejil, el regaliz, la salvia; y en especias: la canela, el comino, el clavo, la nuez moscada, la pimienta…

Santa Hildegarda de Bingen combatía principalmente la acidez, por lo que prefería alimentos que alcalinizaran el organismo, los que ella llama “alimentos de la alegría” y que son también ricos en magnesio y vitamina B12. Para terminar, recomienda las ciruelas, aunque la mejor fruta para ella es la manzana, que se puede consumir sin moderación.

A continuación hay algunas recomendaciones generales para intentar regular los estados y humores gracias a la alimentación. 

Si te sientes cansado, estresado o con la moral baja, da preferencia al consumo de proteínas buenas, como las del huevo, el pollo y pescados grasos como el salmón y las sardinas, a los que puedes añadir granos de lino, chía, soja y calabaza, nueces, legumbres verdes y aguacate. Estos alimentos contienen omega 3, que regula el temperamento y tienen propiedades antidepresivas: aumentan la producción de serotonina (un neurotransmisor que mejora el estado de ánimo). ¡El mismo efecto que cuando haces deporte o una actividad que te agrada! Aportan también hierro, que evitará una insuficiencia o anemia que entraña un sentimiento de fatiga y de debilidad. Recurre también a las espinacas, que también proporcionan ácido fólico que mantiene los niveles de serotonina en el cerebro y ayuda al cuerpo a asimilar el hierro ingerido.

Ricas en calorías y nutrientes, las avellanas son una buena alternativa para picotear. También están repletas de ácidos grasos monoinsaturados y minerales como magnesio, potasio, calcio, cobre, hierro, manganeso, además aportan fibra, que permiten a los neurotransmisores funcionar correctamente.

Por otra parte, cuentan con la eficacia de las vitaminas del complejo B, que actúan sobre el sistema nervioso y pueden intervenir en diferentes reacciones del organismo que afectan al humor. Por ejemplo, una carencia de vitamina B12 puede ser la causa de un gran cansancio y, por tanto, de una baja productividad, que a menudo se da en personas ancianas o en vegetarianos estrictos. Para encontrar las vitaminas B hay que consumir productos de grano entero, verduras de colores y, si lo que buscas es enriquecer tu alimentación de vitamina B12, sabe que se encuentra particularmente en productos de origen animal (huevos, carne, leche, pescado…).

El chocolate contiene azúcar y grasa que aumentan nuestro nivel de serotonina y endorfinas (también llamada la hormona del placer). Por eso parece natural recurrir al chocolate cuando estamos alicaídos, ya que nos pone de mejor humor y mejora nuestra capacidad de reflexión. No obstante, hay que tener en cuenta que el interés del chocolate está en el magnesio que contiene el cacao, ya que es este mineral el que nos ayuda a estar positivos, ya que tiene propiedades relajantes. Por ello es preferible el chocolate con un contenido mínimo de cacao del 75%, y sin abusar, porque contiene también cafeína.

El chocolate es bueno sobre todo por el placer que aporta y no tanto por lo que contiene. Sin embargo, en dosis apropiadas, aporta beneficios al que lo come, ya que el placer y el alivio son instantáneos.

Entre los alimentos que modifican el humor, el más conocido es precisamente la cafeína, un estimulante que encontramos en el café, el té, algunos refrescos y el chocolate. Aunque el café en sí lo mantiene a uno despierto, demasiada cafeína causa una sensación de angustia, palpitaciones, somnolencia e incluso crisis de depresión, insomnio y ansiedad.

El alcohol, otra sustancia muy consumida que actúa sobre el humor, puede causar depresión y ralentizar algunos procesos fisiológicos, como la respiración, disminuyendo el aporte de oxígeno al sistema nervioso central. Esto arrastrar una fatiga crónica, dolor de cabeza, alteración de las capacidades comunicativas… Si consumes alcohol, hazlo con mucha moderación.

Varios estudios han demostrado que incluso y un ligero estado de deshidratación puede influir en el humor. De hecho, es indispensable estar correctamente hidratado a lo largo de todo el día, haga o no calor, y ¡no esperar a tener sed para beber! Lo cierto es que cuando sentimos sed es porque las reservas de agua ya son demasiado bajas.

Hay otros complementos líquidos como el té, frío o caliente. Repleto de virtudes antioxidantes, antiinflamatorias y anticancerígenas, el té ayuda sobre todo a calmarnos y a aumentar nuestro estado de vigilancia. Eso sí, también hay que consumirlo con moderación, ya que puede causar palpitaciones y dolor de cabeza si se bebe en exceso.

También están las infusiones. Santa Hildegarda de Bingen recomendaba encarecidamente las infusiones de hinojo, que tiene múltiples beneficios: estimula la producción de leche materna, devuelve la vitalidad a las mujeres (sobre todo durante la menopausia), desintoxica y es un excelente remedio contra las afecciones intestinales y gástricas, además de poseer una gran eficacia contra los malos olores naturales y el mal aliento. ¡Un litro de tisana de hinojo al día es al menos tan eficaz como un desodorante químico!

El cerebro está funcionando siempre, sin descanso, y es un gran consumidor de glúcidos (la gran familia de los azúcares). Le aportan la energía necesaria para funcionar, así que si la glucemia (nivel de azúcar en sangre) cae, el estado de ánimo suele hacer lo mismo: nos volvemos irritables y nuestra energía baja considerablemente. Por eso es primordial alimentarse correcta y regularmente, ya que, más allá del tipo de alimento ingerido, la cantidad y el momento de la ingesta va a afectar también mucho al estado de ánimo. Quizás algunas personas prefieran comer varias veces al día en pequeñas cantidades, lo cual permite mantener un nivel de energía constante. Por el contrario, saltarse una comida tendrá efectos negativos tanto para el humor como para la energía.

Para empezar, evita las comidas rápidas, piensa siempre en sentarte, aunque solo sea durante algunos minutos. Engullir una comida rápidamente y de pie va a generar una gran dosis de estrés y el sentimiento de no tener ni un minuto para uno mismo. El cuerpo y el cerebro apenas habrán tenido tiempo de comprender que acabas de alimentarles.

Además, organiza tu tiempo para comer con tus seres queridos lo más a menudo posible. Las comidas son ante todos momentos sociales para intercambiar y compartir, y disfrutar estos momentos de alegría es la mejor manera de conservar un buen estado de ánimo durante más tiempo.

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Articulo Revisado: ¿Cómo mantener el espíritu “en forma” a través de la alimentación? Puntaje: 5 Reviesado por: El Evangelio del día