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miércoles, 14 de junio de 2017

Chiquitunga, la carmelita que está cerca de ser la primera mujer beata del Paraguay

La Chiquitunga podría convertirse en la primera beata paraguaya. Se trata de la carmelita María Felicia Guggiari, quien como religiosa adoptó el nombre de María Felicia de Jesús Sacramentado, pero popularmente se la conoce como Chiquitunga.

Una comisión médica de la Santa Sede ya dio su visto bueno sobre una curación inexplicable para la ciencia, que se habría producido por su intercesión. Si todo prospera, sería el segundo paraguayo en los altares luego de san Roque González de Santa Cruz y la primera mujer paraguaya, las predilectas del Papa Francisco, en ser beatificada.

La comisión médica de la Santa Sede confirmó que no se puede explicar la curación en 2002 del bebé Ángel Ramón, quien tras su nacimiento estuvo veinte minutos sin signos vitales, y tras el pedido a Chiquitunga, se recuperó.

El niño, 15 años después, lleva una vida normal, y no tuvo secuelas del episodio. Aún resta el dictamen de la congregación para la Causa de los Santos con la nota teológica y la aprobación final del Papa para que se pueda llamar a una ceremonia de beatificación pero vibra en las redes sociales la emoción por el posible desenlace. Con beatificación o sin ella, es rotunda la admiración de la Iglesia paraguaya por su hija Chiquitunga.

Nacida en Villarrica en 1925, María Felicia se volcó de lleno a la Acción Católica desde su adolescencia. Se entregaba a Dios acompañando niños en la catequesis, jóvenes trabajadores y universitarios, pobres, enfermos y ancianos.

“En todos los trabajos que estoy realizando trato de poner el sello de nuestro espíritu cristiano, porque quiero que todo se sature de Cristo y donde quiera que sea pueda dejar un rayito de luz”, escribió durante sus años de intensa vida apostólica. Su sed de entrega era indescriptible, aún para alguien, como ella, con un dominio de la palabra digno de las mejores poetisas: “No sabría explicarle la ansiedad, el deseo intenso de trabajar exclusivamente, entregada en cuerpo y alma por causa de Cristo, al apostolado; sed, verdaderamente sed, tengo de una inmolación más efectiva”. “Ser apóstoles, Señor, que hermoso sueño”, escribió.

Hasta que a los 30 años sintió el llamado a la vida contemplativa e ingresó como carmelita descalza en Asunción. Las Hermanas Carmelitas la recuerdan como alguien que se caracterizó por “su gran espíritu de sacrificio, caridad y generosidad, todo envuelto en gran mansedumbre y comunicativa alegría”, según consta en la página web de Chiquitunga. Su entrega y su amor por Cristo era pleno, y se refleja en varias de sus poesías:

Ábreme, Jesús, la puerta;
golpeando estoy ha rato.
¿No me escuchas que no sales?,
¿o dormido estás acaso?
Ábreme, Jesús, que es tarde
y he salido así corriendo
de entre medio del barullo;
he querido estar con Vos.
Ábreme, abre, te ruego,
la puertita del Sagrario,
aun si duermes y descansas,
para yo velar tu sueño.

Al poco tiempo de haberse entregado en la vida contemplativa, enfermó de una hepatitis infecciosa. Tenía 34 años, y poco antes de morir, clamó: “Papito querido, ¡qué feliz soy!; ¡Qué grande es la Religión Católica!; ¡Qué dicha el encuentro con mi Jesús!; ¡Soy muy feliz!; ¡Qué dulce encuentro! ¡Virgen María!”.

Ya en 2015, durante la visita del Papa Francisco al Paraguay los obispos de ese país le habían insistido al Papa por la causa. Monseñor Claudio Giménez, obispo de Caacupé, incluso le pidió en público al Papa por la beatificación de Chiquitunga, al agradecerle el cariño que siempre expresa el Santo Padre por las mujeres paraguayas: “Le agradecemos que haya honrado muchas veces a la mujer paraguaya.

Hay una mujer paraguaya que la quisiéramos ver en los altares. Hasta ahora tenemos un santo, que es San Roque, jesuita como usted. ¿Tendremos alguna vez la dicha de que una paraguaya carmelita descalza también lo pueda? Su nombre es Chiquitunga, y el proceso está muy cerca de usted en Roma”.

La más gloriosa de América

Francisco suele hacer saber su admiración por las mujeres paraguayas, y era muy cercano a ellas en Buenos Aires. Para el Santo Padre, las mujeres paraguayas son “las más gloriosas de América”. El Papa refiere al papel en la reconstrucción del país, diezmado tras la Guerra contra la Triple Alianza de Argentina, Brasil y Uruguay, que en 1870 dejó como saldo un 70% de la población masculina del Paraguay muerta.

“Ustedes tienen la memoria, ustedes tienen la genética de aquellas que reconstruyeron la vida, la fe, la dignidad de su Pueblo. Junto a María, han vivido situaciones muy pero muy difíciles, que desde una lógica común sería contraria a toda fe. Ustedes, al contrario, impulsadas y sostenidas por la Virgen, siguieron creyentes, inclusive ‘esperando contra toda esperanza’”, les dijo Francisco durante su visita al Paraguay en 2015.

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