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viernes, 19 de mayo de 2017

The Story of Technoviking y las nuevas leyes de internet

El mundo de internet y de las redes sociales tiene sus propias leyes, y cada vez son más los estudiosos que intentan desentrañar sus secretos.

Un buen caso práctico en esta nueva ciencia que es la ecología de los medios sería la historia del Technoviking, capaz por sí sola de plantear numerosos enigmas en diferentes campos de lo más dispares, como el derecho, la antropología cultural o el márquetin.

El Technoviking surge de un vídeo de intención artística colgado en la red por su propio autor, Matthias Fritsch, junto a muchas otras grabaciones callejeras. Al principio parecía no existir diferencia entre unas piezas digitales y otras. Sin embargo, poco a poco, según unos ritmos arcanos, solo evidentes en el empíreo de la sociedad del reality, y nadie sabe bien por qué, las imágenes del Technoviking empiezaron a hacerse más y más populares entre los usuarios de todo el mundo.

El vídeo saltó a Youtube y la cosa, como si fuese una entrañable filmación de aterciopelados y traviesos gatitos, se viralizó hasta niveles insospechados, convirtiéndose el Technoviking en una especie de superhéroe underground que aparecía estampado en camisetas, representado en multitud de memes en los que medía sus fuerzas con el indestructible Chuck Norris y masivamente imitado en infinidad de vídeos de youtubers.

Ante este éxito, uno podría pensar que en los pocos minutos que dura la actuación del vikingo del tecno acaso se produce algún tipo de revelación trascendente o aparece la furtiva imagen de un pecho de Beyoncé, o incluso que, haciéndolo rodar al revés, como un disco de Black Sabbath, se puede escuchar la mismísima voz de Belzebú. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla y los especialistas en la materia siguen sin explicárselo.

Lo mejor es ver de qué estamos hablando con nuestros propios ojos.

La escena es de una apariencia sumamente banal. Nos encontramos en la Fuck Parade, en Berlín, una fiesta alternativa a la más comercial Love Parade, emblema de la comunidad homosexual alemana e internacional. Una mujer sin rostro con peluca añil fosforito y pantalones rojos se entrega a la hybris bailando en la calle al son de la música tecno, rodeada de muchas otras personas. Chumba, chumba. No se guarda nada para mañana.

De repente, un hombre, que parece ir desnortado en varios sentidos, choca contra ella, la desplaza ostensiblemente e intenta proseguir su camino sin disculparse. Pero el Technoviking, un body builder sin camiseta, con bermudas militares y la barba y el pelo rubios trenzados, lo coge del brazo y le espeta una buena reprimenda que no entendemos. Finaliza alzando el dedo, autoritario, como indicándole al desaprensivo que se tiene que ir. Este obedece y hace mutis por el foro.

Parece que el mito está ya servido, pero es entonces cuando el delirio se vuelve envolvente y, en una especie de repetición posmoderna y teutona del video-clip de Thriller, de Michael Jackson, el Technoviking empieza a avanzar hacia cámara danzando, dándolo todo. El cuadro es mesmerizante. La horda primigenia detrás de él, avanzando hacia ti, el espectador, dándole a este nuevo dios agua para que no se deshidrate por al más que probable consumo de estupefacientes que brilla en su mirada ida y a la vez altiva. No puedes apartar la mirada. Te puede.

Pues bien, el documental The Story of Technoviking (2015) lo rueda el mismo Matthias Fritsch, autor original del vídeo callejero, para intentar entender un poco más, de la mano de expertos, este fenómeno viral sin precedentes, así como para recaudar fondos para pagarle al Technoviking los 10.000 euros con los que el juez considera que Fritsch debe indemnizar a este hombre pétreo al que no pidió permiso para difundir su imagen.

Uno de los detalles curiosos del asunto es que la prohibición judicial del vídeo ha multiplicado todavía más su viralidad en Youtube. Lo cual nos revela lo que los juristas ya han bautizado como el efecto Streisand, que consiste en que una sentencia condenatoria contra un linchamiento digital puede resultar en perjuicio del linchado, porque despierta en el público la avidez y el morbo por ver las imágenes censuradas.

Viendo estas cosas uno se siente ya con un pie en el nuevo mundo.

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Articulo Revisado: The Story of Technoviking y las nuevas leyes de internet Puntaje: 5 Reviesado por: El Evangelio del día