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sábado, 20 de mayo de 2017

El caso de Sloane y el cansino “qué mal está todo”

“El caso Sloane” es una buena película sobre vericuetos políticos bastante sobrevalorada, pero buena película. La hace digna del precio que cuesta la entrada del cine, y pasaremos un buen rato pegados al asiento.

La trama queda resumida en la primera frase que oímos. En un suave y envolvente movimiento de cámara, aparece un primer plano de Miss Sloane (que es el título original en inglés), ella levanta la mirada como hablando al espectador y con cautelosa seguridad afirma: “El lobby (grupo de presión política) versa sobre la previsión, sobre anticipar el movimiento de tus oponentes, en saber poner contramedidas. El ganador va un paso por delante de sus competidores y juega su mano triunfadora justo después de que ellos jueguen la suya”.

Y eso es la película: de cómo funcionan los grupos de presión y la política, de cómo unos influyen en los otros y los otros sobornan y crean a los unos. El tema de fondo: la posesión de armas y la segunda enmienda estadounidense.

No es la primera vez que se hace un tipo de película sobre política, corrupción, firmas de abogados y grupos de presión (lobbies). Gracias por fumar, Michel Clayton, Todos los hombres del presidente, y la sobrevalorada House of Cards (por favor, vean la versión británica).

El caso Sloane es La tapadera o Michel Clayton pero sin persecuciones y tiros, es Gracias por fumar pero sin sus ironías, es Todos los hombres del presidente pero sin presidente y es House of Cards pero sin asesinatos. Así que si le quitamos todo eso ¿qué queda? Una trama política de pasillos y trampas dialécticas. Lo cual, dicho sea de paso, no está nada mal si se hace bien. Y El caso Sloane lo hace bien.

Jessica Chastain fue nominada a los Globos de oro por esta interpretación, y es justo y razonable que no se lo llevara. No lo hace mal, pero tampoco deslumbra. Cierto es que lleva el peso de la película y eso, si una no es Meryl Streep, puede pesar mucho.

A veces los diálogos rápidos, agudos y sarcásticos, llenos de metáforas y desprecio y argumentos retóricos de abogados (muy yanqui todo, no me imagino a unos abogados de Albacete o Fuencarral hablando así), se hacen pesados y difíciles de seguir. Son todos como muy “ingeniosos”, pero cargan. En inglés desde luego. Pero, además, esa inteligencia del sarcasmo agudo y frio a veces se hace algo cansina y llega un momento de la película en el que lía al espectador y le aturrulla.

Es el momento en el que también la película queda un pelín estancada. No es que le sobra metraje, es que le sobran palabras. Eso hace que el personaje de Chastain, a veces, en la parte más emotiva y personal, no sea del todo convincente, y si a eso le sumamos lo ya dicho (que ella lleva el peso del guión) pues la cinta adolece y no queda redonda, aunque sale suficientemente victoriosa.

Hay un punto de “espectacular final” que estará bien, pero esperar dos horas a ese clímax es demasiado y no compensa la sensación de haber estado viendo una película que uno ya ha visto. Porque, al final, ¿qué dice la película? Que la política, los políticos y todo aquello que les rodea está muy mal. Más aún: que en plan Frozen todo lo que la política toca queda congelado y podrido. Dicho con una frase de la película: “¿Va a admitir que el sistema actual está roto?” Claro que ahora va de lobbies (que manía con los anglicismos: grupos de presión) en vez de propiamente políticos o periodistas.

También da la sensación que el asunto de las armas y la segunda enmienda es accidental y que se podría hacer la misma película con el tema de la contaminación y las empresas del automóvil o con cualquier tema de ese estilo. Sloane va a ser una Erin Brockovich que ya ha triunfado, pero por eso mismo le falta la espontaneidad descarada que nos hacía simpática a la Brockovich. Además, ¿tan malos malísimos son los políticos?

El segundo dilema que plantea la película es otro viejo conocido de la ética: El mal ¿se combate con el mal?, ¿se está obligado a hacer el bien cueste lo que cueste? ¿Vale cualquier jugada aunque el precio sea el propio sacrificio? ¿El fin justifica los medios? Verán claramente que dos son los personajes antagonistas de Sloane: Schdmitt y Manucharian. Como dice Schdmitt: hay acciones que intentan combatir el mal que aunque son “ingeniosas”, también son “moralmente reprochables y completamente inaceptables”. Buenas actuaciones de ambos y personajes que contextualizan bien la cinta.

Además, macerada la película, hay algo al final del final que no convence (no desvelamos) relacionado con la personalidad de Sloane. Aún así, no se engañen por las críticas aquí expuestas, pues eso son: críticas. Es una película digna e interesante.

Lo cierto es que está montada de un modo que genera la sensación de que en los títulos finales de crédito va a decirte que este suceso pasó en la realidad. Dicho de otro modo: parece que es una película basada en hechos reales y que justo cuando acaba van a aparecer esas líneas que esbozan el futuro de sus protagonistas en la realidad. Pero no lo es. Quizás eso es un mérito o un demérito según se vea, porque o bien puede sonar una película hecha documental o un documental hecho película. La gente saldrá del cine diciendo: “eso es lo que está pasando, ya lo decía yo”.

Relacionado con esa similitud con la realidad, ¿saben qué es lo más curioso? Que fue Trump quien se erigió como el gran denunciador de la corrupción de los lobbies y como nuevo regenerador de la antigua política. Estoy seguro que a los productores, el guionista, el director y parte del público que la vea, no les hace ni gracia saber este dato.

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Articulo Revisado: El caso de Sloane y el cansino “qué mal está todo” Puntaje: 5 Reviesado por: El Evangelio del día